Javier Pérez de Vargas: “La IA solo será sostenible si se apoya en la ciberseguridad”

Javier Pérez de Vargas, director gerente de la Real Academia de Ingeniería de España

Ingeniero naval y oceánico, Javier Pérez de Vargas ocupa desde hace una década el puesto de director gerente de la Real Academia de Ingeniería de España. Asegura que “TRUST Lab combina investigación, innovación y aplicación práctica” y que “este tipo de proyectos contribuyen a reforzar la soberanía digital europea”. Sostiene que “la inteligencia artificial se ha convertido en un catalizador extraordinario, capaz de amplificar nuestras capacidades de análisis, diseño y toma de decisiones” y añade que “los avances tecnológicos solo serán sostenibles si se apoyan en un pilar fundamental: la ciberseguridad”.

Ángela de la Llana
Martes, 5 de mayo de 2026

Entrevista

¿Cómo afrontan los ingenieros los cambios tecnológicos que afectan a nuestras vidas? ¿es la inteligencia artificial el nuevo motor de la ingeniería?

Los ingenieros estamos acostumbrados a trabajar en entornos de cambio constante y, precisamente por eso, no solo nos adaptamos, sino que lideramos esas transformaciones. La inteligencia artificial se ha convertido en un catalizador extraordinario, capaz de amplificar nuestras capacidades de análisis, diseño y toma de decisiones. Ahora bien, conviene subrayar que la IA no sustituye a la ingeniería, sino que la impulsa hacia una nueva dimensión. Estamos ante una revolución tecnológica que redefine sectores enteros, desde la industria hasta los servicios públicos, con un impacto directo en el desarrollo social. La IA está cambiando la forma en que concebimos la ingeniería. Ya no es solo una herramienta de cálculo, sino una aliada estratégica para diseñar, optimizar y prever soluciones más eficientes. Debemos impulsar la integración de la IA como un elemento natural de la formación y de la práctica profesional. Queremos que los ingenieros comprendan no solo cómo usar la inteligencia artificial, sino cómo construirla de forma responsable, entendiendo su impacto social. Porque la IA no sustituye al ingeniero: amplía su capacidad para transformar conocimiento en valor para la sociedad. Sin embargo, este avance solo será sostenible si se apoya en un pilar fundamental: la ciberseguridad. No podemos hablar de progreso real si los sistemas no son seguros, si los datos no están protegidos y si la confianza de los ciudadanos no está garantizada.

¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta la Real Academia de Ingeniería de España en un mundo cada vez más tecnológico y digitalizado?

La Real Academia de Ingeniería tiene como principal reto anticipar los grandes cambios tecnológicos y contribuir a orientar a la sociedad en su adopción. Esto implica fomentar una ingeniería más interdisciplinar, más conectada con la innovación y con la realidad industrial y más comprometida con el impacto social. Otro desafío clave es impulsar el desarrollo de talento altamente cualificado, capaz de responder a las demandas de un entorno cada vez más digitalizado. Europa, y España en particular, necesitarán ingenieros que no solo dominen la tecnología, sino que comprendan su dimensión ética, económica y social. Además, la Real Academia de Ingeniería se constituye como organismo consultivo de referencia al servicio del Estado y la sociedad española en general en temas que tengan que ver con ingeniería, industria, digitalización, innovación, emprendimiento y educación.

¿Qué hacen ustedes para seguir siendo actores relevantes en el ecosistema industrial y tecnológico?

Nuestra relevancia se basa en nuestra capacidad de actuar como puente entre el conocimiento, la empresa y las instituciones. Generamos pensamiento estratégico, promovemos el debate informado y trasladamos recomendaciones que ayudan a tomar decisiones más sólidas. España está migrando hacia un escenario económico protagonizado, casi en exclusiva, por los servicios, con una intensidad clara en soluciones digitales, en los que la inteligencia artificial, la conectividad, el “internet de las cosas”, las realidad virtual o aumentada, la fabricación aditiva, las soluciones cuánticas, etc. son protagonistas. Este escenario va a requerir una renovación de los modelos profesionales del ingeniero/a sustentados por una evolución de los modelos educativos relacionados con la ingeniería en España. La ingeniería seguirá siendo fundamental en nuestro modelo productivo y, con ella, el desempeño profesional de ingenieras e ingenieros, pero va a tener que afrontar un periodo de transición que va a requerir claridad de objetivos y esfuerzo.
Los retos de la nueva ingeniería orientan al profesional a especializarse en la generación de soluciones a problemas complejos e interrelacionados, con diferentes criterios de diseño, con difícil evaluación de cuál de ellos es el más adecuado y, especialmente, con unas restricciones económicas y de tiempo que resultan determinantes. El nuevo ingeniero tendrá que desenvolverse en un entorno de mundo interconectado, diverso, multicultural, con gran influencia de las nuevas tecnologías que, además, serán cambiantes con gran rapidez. Deberá estar preparado para trabajos que aún no existen. La ventaja competitiva del nuevo ingeniero residirá en su capacidad para estar formándose continuamente: el lugar de trabajo será su aula. El aprendizaje vendrá implícito en la actividad laboral. La formación permanente será una de las obligaciones de los profesionales de la ingeniería. Habrá que prepararse para mostrar valor diferencial, en un número creciente de empleos. Los mejor remunerados serán los más complejos, creativos y multidisciplinares.
Todo ello tendrá consecuencias en la formación que imparten las universidades. Tendrán que adaptarse al nuevo escenario y resultar útiles y atractivas al mercado laboral. La nueva ingeniería deberá velar por que el desarrollo tecnológico venga acompañado por el correspondiente desarrollo del ser humano en responsabilidad, valores y conciencia.

Usted ha comentado, en numerosas ocasiones, que el futuro pasa por la necesidad de que todos los sectores asuman la inteligencia artificial y ha asegurado que “quien no lo haga no tendrá lugar en el modelo productivo en el que nos movemos”.

En mi opinión, los sectores que van a consolidarse como referentes en los modelos productivos futuros serán aquellos que aporten un alto valor añadido, que respondan a unas expectativas del cliente de forma rápida, multidisciplinar y a un precio asumible por el mercado. En este escenario de sostenibilidad empresarial, los procesos de digitalización juegan un papel fundamental y, en este gran ámbito, la aplicación paulatina y estratégica de la inteligencia artificial se constituye como garantía de supervivencia, crecimiento y éxito. No obstante, es fundamental que esta adopción se realice con criterios claros, combinando eficiencia con responsabilidad. La IA debe estar al servicio de las personas, contribuyendo al bienestar social y al desarrollo económico, y no generando nuevos riesgos. Por ello, resulta imprescindible incorporar la ciberseguridad desde el primer momento, garantizando la integridad de los sistemas, la protección de los datos y la fiabilidad de los algoritmos.

Una de las finalidades de la Real Academia de Ingeniería de España es la promoción y el desarrollo de la ingeniería, la innovación y la tecnología, ¿cómo trabajan estos conceptos habida cuenta de lo rápido que avanzan estas variables?

La sociedad actual es esencialmente cambiante. El ser humano, especialmente en su vertiente profesional, debe revisar su modelo de relación con el entorno y participar en la evolución social que vivimos. En este escenario, la ingeniería se convierte en un agregador de conocimientos diversos y complementarios, y facilitador de nuevas soluciones para los problemas que la sociedad enfrenta. Desde la Academia trabajamos para acelerar la transferencia de conocimiento hacia la sociedad, fomentando la colaboración entre universidades, empresas y administraciones públicas. Nuestro objetivo es que la innovación tenga un impacto real y contribuya al progreso colectivo. En este sentido, defendemos que toda innovación tecnológica debe diseñarse con criterios de seguridad desde su origen. No se trata de añadir la ciberseguridad como una capa posterior, sino de integrarla en el propio diseño de las soluciones. Solo así podremos garantizar que el avance tecnológico sea sostenible y genere confianza en la sociedad.

Estamos viendo situaciones en las que la IA se utiliza de forma poco ética y poco segura, ¿cómo podríamos atajar este problema?, ¿cuáles son los límites que deberían de imponerse ante este concepto que ha llegado fuerte y para quedarse? ¿vamos hacia un mundo cada vez más inseguro e inestable?

En mi opinión, los límites están en asegurar que las decisiones propuestas por las herramientas de inteligencia artificial no vulneren nuestros derechos fundamentales como personas y no transgredan aquellos principios que consideramos fundamentales en nuestra sociedad, como es el derecho a la vida y a la igualdad de oportunidades, entre otros. Por el momento, detrás de los desarrollos de Inteligencia Artificial están los humanos. Debemos asegurarnos de que estos profesionales son conscientes de la gran responsabilidad que asumen en sus desarrollos tecnológicos y, de esta manera, con suficiente conciencia ética, asegurar que nunca se traspasarán los límites morales y de responsabilidad social en la aplicación de la IA. Nos corresponde a todos generar una ambiente positivo y constructivo sobre la implantación de la IA en nuestra vida cotidiana. En este momento histórico, la ética tecnológica no es una opción, es una obligación. La Real Academia de Ingeniería tiene la vocación y la responsabilidad de aportar rigor técnico y visión humanista al debate sobre la regulación de la IA. Nuestro papel es garantizar que el desarrollo de estas tecnologías respete los derechos fundamentales. Apostamos por una IA que sea confiable, transparente y auditable. En definitiva, la ética debe ser la brújula del desarrollo tecnológico. Para abordar estos retos, es necesario establecer marcos regulatorios claros, impulsar estándares internacionales y fomentar una cultura de responsabilidad en el desarrollo tecnológico. La ciberseguridad desempeña aquí un papel esencial, ya que permite proteger tanto los sistemas como los datos sobre los que se construyen las decisiones automatizadas. No estamos necesariamente ante un mundo más inseguro, sino ante un entorno más complejo, que exige mayor rigor, mayor control y una mayor conciencia de los riesgos.

Javier Pérez de Vargas durante la entrevista para TRUST Lab

“TRUST Lab combina investigación, innovación y aplicación práctica, generando conocimiento útil y formando talento altamente cualificado”.

¿Cómo valora usted el trabajo de los expertos en ciberseguridad frente a las grandes ciber amenazas que nos acechan?

El papel de los expertos en ciberseguridad es hoy absolutamente crítico. Son quienes garantizan el funcionamiento seguro de infraestructuras esenciales, desde redes de comunicaciones hasta sistemas financieros o servicios públicos.
Su trabajo permite que la transformación digital avance con garantías, protegiendo tanto a las organizaciones como a los ciudadanos. En un contexto de creciente sofisticación de las amenazas, su contribución es estratégica para la estabilidad económica y social. La ciberseguridad, en este sentido, debe entenderse como una inversión en confianza y en resiliencia.

¿Considera positivas iniciativas como el laboratorio de ciberseguridad y comunicaciones seguras, TRUST Lab, impulsado por la Universidad Politécnica de Cartagena?

Iniciativas como TRUST Lab representan un ejemplo claro del camino que Europa debe seguir. En un contexto global cada vez más competitivo, es imprescindible desarrollar capacidades propias en ámbitos tan críticos como la ciberseguridad y las comunicaciones seguras. TRUST Lab combina investigación, innovación y aplicación práctica, generando conocimiento útil y formando talento altamente cualificado. Este tipo de proyectos no solo fortalecen el ecosistema tecnológico, sino que contribuyen a reforzar la soberanía digital europea. Europa necesita impulsar muchas más iniciativas de este tipo, que permitan reducir dependencias externas y garantizar un desarrollo tecnológico alineado con sus valores. La ciberseguridad no es solo una cuestión técnica, sino un elemento clave para la autonomía estratégica y la estabilidad futura del continente.

POST  RELACIONADOS